El documental, dirigido por Esteban Coloma y Luis Herrera, premiado en Sheffield con una Mención Especial del Jurado, será el film de apertura de la 24ª edición de los EDOC, el miércoles 3 de septiembre en el Teatro Capitol.
Carmela y los caminantes nació del encuentro de Esteban Coloma con la señora Carmen Carcelén, conocida como Carmela, y su familia, en el norte del Ecuador. La película retrata la realidad dura y compleja de la migración venezolana. Entrevistado por Bryan Almeida, el co-director alude al origen del film, su estreno en Sheffield y su planes de distribución.
A Carmela la conocí en 2019, cuando yo estaba acompañando a un medio digital haciendo cobertura en el norte de Ecuador. Me llamaba muchísimo la atención ver en la carretera a los grupos de migrantes: familias con niños, personas mayores, caminando en grupos grandes por la carretera al norte de Ecuador, sobre todo en Carchi, Imbabura, Pichincha. Y como me llamó tanto la atención, empecé a seguir a un grupo de personas, conocer la realidad que vivían, y junto con ellos llegué a la casa de Carmela. Cuando la conocí me di cuenta de que su historia era súper potente, y tenía muchas ganas de pasar más tiempo con ella.
En ese momento invité a Luis Herrera, que es el codirector de la película, a incorporarse al proyecto. Desde entonces fueron un montón de visitas, de tiempo compartido con Carmela y su familia. Poco a poco fuimos tejiendo esa relación humana, de confianza, que con el tiempo fue creciendo, haciéndose más fuerte, hasta tener la relación súper cercana que tenemos ahora.
¿Cuánto tiempo tomó hacer la película?
Como te cuento, conocimos a Carmela en 2019. Desde entonces hemos trabajado seguido, aunque hubo momentos de pausa, de búsqueda de fondos, momentos de encuentro de la línea narrativa. Han sido cinco años de involucramiento y contacto permanente con Carmela y con su historia.
¿Cómo fue el levantamiento de fondos o el trabajo autogestivo para levantar la película?
El proceso de financiamiento fue inicialmente desde la autogestión y el trabajo voluntario del equipo de la cooperativa audiovisual CoopDocs. En 2019 fue un tiempo de desarrollo, de investigación, de acompañamiento a la historia de Carmela. Lo hicimos con Luis Herrera, y todo ese tiempo fue autogestivo, una combinación entre el trabajo voluntario y algunos pequeños apoyos.
En 2020 ganamos el premio del fondo de producción del ICCA, el Instituto de Cine de Ecuador. Luego volvimos al método de trabajo voluntario, autogestivo. En 2022 obtuvimos un fondo de la organización checa People in Need y con eso pudimos llegar al primer corte. Y en 2023 ganamos el fondo de posproducción del ICCA, con el que completamos la edición y posproducción.
El estreno mundial de la película fue en la competencia de Opera Prima del Sheffield Doc Festival, en el Reino Unido. ¿Cómo la recibió el público?
El recibimiento fue muy bueno, con mucho público en las salas. Nos llamó la atención que la gente no conoce sobre el fenómeno migratorio venezolano, están más cercanos a los refugiados ucranianos, eso les resuena más. Entonces hubo muchas preguntas desde el desconocimiento: no entendían bien los motivos de la migración venezolana, hacia dónde migra la gente, las rutas. Fue bonito conversar sobre lo que pasa en este lado del mundo.
Recibimos la Mención de Honor del Jurado en la categoría de Ópera Prima. Fue una grata sorpresa, mucha emoción recibirlo. El estreno en Sheffield fue un impulso importante para la película.
Y ahora, con el estreno nacional en el EDOC, creemos que es el lugar más apropiado. Es el festival que nos ha acompañado desde siempre, hemos crecido viendo películas ahí, entonces, estamos súper contentos de que sea el espacio para su estreno en Ecuador.
¿Cómo se realizará la distribución? ¿Cómo harán para llegar a su público primordial, los migrantes?
El proceso de distribución más formal lo estamos llevando con un agente de ventas, la distribuidora Compañía de Cine, de Argentina, representada por Paulina Portella. Ellos tienen la distribución en festivales internacionales.
Paralelamente, en Ecuador estamos interesados en una distribución más local, más comunitaria. Sentimos que la audiencia a la que queremos llegar está en los pueblos, en las comunidades, en los grupos de personas migrantes. Este mismo año vamos a estar en el festival Kunturñawi, que recorre comunidades de la Sierra. Es una oportunidad bonita para compartir con gente que no necesariamente asiste a las salas de cine.
Un segundo momento será la distribución comunitaria. Estamos diseñando una campaña de impacto para el próximo año, en coordinación con colectivos de migrantes, organizaciones, fundaciones y ONGs. Como documentalista, esa es la audiencia que más me interesa: la que está en barrios, colegios, comunidades.
¿Que significan para ti la realidad de los migrantes y la precariedad en la que deben sobrevivir?
La realidad de las personas migrantes fue el motor que impulsó el trabajo desde el primer momento: la cercanía con Carmela, su familia, la comunidad de Juncal. Siempre quisimos hacerlo de la mano con ellos, en diálogo.
La realidad de los migrantes es compleja: en la casa de Carmela la gente estaba de paso, se quedaba una o dos noches y seguía. Queríamos retratar esa realidad dura, marcada por el rechazo al extranjero, el miedo al extraño en algunas comunidades, la precariedad laboral, la falta de acceso a derechos, salud y educación.
Y ahí está Carmela: una mujer que, a pesar de sus limitaciones económicas, comparte lo poco que tiene con miles de familias. Eso me parece muy inspirador. En el fondo, creo que se trata de empatía: buscar lazos humanos más allá de lo que nos separa, para encontrar condiciones más dignas para todos y todas.
La migración es un derecho: cada uno debería poder decidir dónde desarrollar su vida, y hacerlo en condiciones dignas. Esa reflexión está en el corazón de la historia de Carmela: hablar de los derechos de las personas, independientemente de dónde vengan.
