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IGNACIO AGÜERO: TEJER TRAMAS IMPROBABLES

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Desde su mítico 100 niños esperando un tren, Ignacio Agüero imagina un cine documental que se caracteriza por su vuelo e ironía. Como le da la gana, con la bandera de la libertad arriba, el cineasta se mueve desde un Diario de Agustín, film crítico, incisivo y muy bien documentado sobre el diario cómplice de la dictadura militar (El Mercurio), hasta Cartas a mis padres muertos, oda al montaje en su vertiente más original. Sin rendirse nunca ante las reglas formales del género, sensible y dialéctica a la vez, su cinematografía siempre busca a tientas, situándolo hoy entre los mayores documentalistas de la memoria.