«El orden sólo es un desorden que nos conviene; el
desorden, sólo un orden que nos defrauda.»
André Comte-Sponville

Todo comenzó por el fin (2015).
Este documental que permite una reconstrucción del ambiente de un espacio y tiempo específico, y que en sus imágenes recopila el acervo activo de una generación de artistas, configura un relato épico de familiares y camaradas, en la misma forma que experimentar la obra de Ross McElwee o Once Upon a Time in America (1984), de Sergio Leone, y se perfila ineludiblemente en un film de visualización obligatoria para todo futuro clan de cineastas. Todo comenzó por el fin (2015) muestra, con desenfreno y honestidad, la genialidad artística y la poesía narrativa que de alguna manera existía dentro de ese desorden y espíritu de fiesta continua que predominaba en el llamado ‘Grupo de Cali’. Al mismo tiempo se desarrolla casi como un film elegíaco que, a través de numerosos recursos como una meta-narración que muestra la construcción del mismo documental y expone los dispositivos, o que corta entre distintos períodos de tiempo y entre imágenes de varios pasados, como si se tratara de una conversación de anécdotas entre compañeros, reproduce también los últimos días de un cineasta y su grupo de amigos, responsables de una filmografía caudalosa que arranca desde
1971.

Algunos podrían considerarlo una coincidencia, otros, que decidan implementar un pensamiento más lógico, lo determinarían como una serie racional de causas y efectos, pero lo cierto es que en Colombia, la ciudad de Cali se piensa como una localidad pionera en cuanto al cine de su nación, ya que le ha brindado a su país su primera película muda, la primera con fotogramas coloreados, la primera película sonora y la primera película a color. Simultáneamente, Cali fue la urbe donde un grupo de jóvenes en ebullición conformaría un movimiento cinematográfico y cultural que desembocaría en el apelativo de “Caliwood”. De entre los tres principales representantes de aquella comunidad, tanto Andrés Caicedo como Carlos Mayolo perecieron de forma inesperada, por lo que quizá Luis Ospina heredó la inesquivable responsabilidad de realizar una película en retrospectiva que funciona como una celebración y al mismo tiempo un recuento histórico de lo conquistado.

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