La programación del Festival EDOC de este año nos trae dos películas que tratan sobre la amazonia, sus pueblos, sus encantos, sus misterios. El hombre del mediodía, de Carlos Idrovo, nos lleva a la comunidad de Sarayaku en Pastaza, para asistir a los preparativos y a la ceremonia de un matrimonio tradicional. Las escenas son filmadas con pausa y con respeto, en un estilo que oscila entre el filme etnográfico y el cine directo. Largas secuencias en blanco y negro nos permiten entrar en un retrato colectivo a la vez poético y realista. Son imágenes de gran contenido documental, a las que se añade una fuerte voz autoral que sin embargo no se impone con violencia.

Iwianch, el diablo venado, largometraje de José Cardoso, nos presenta en contraste un relato mítico, partiendo de la imagen (y de la imaginación) sobre los misterios que esconde la selva. En él se mezclan, a manera de un collage, imágenes sobre una comunidad Achuar y sobre la creencia en el espíritu del Iwianch que puede acercarse a los humanos en la profundidad del bosque. En un estilo que combina escenas documentales con cierta ficcionalización y recursos quasi psicodélicos, Cardoso construye el relato de la comunidad a la espera de que uno de sus miembros, perdido desde hace varios días, regrese de la selva.

Estos documentales nos confrontan con aquello que durante mucho tiempo fue tema privilegiado del cine sobre la alteridad, del cine etnográfico y antropológico, pero de modos sutiles y bajo miradas subjetivas. Recurren a estilos muy distintos, pero comparten un mismo afán, el de reivindicar la diferencia y visibilizar elementos propios de las cosmologías indígenas amazónicas, en donde se ponen en evidencia tipos de relacionamiento entre los humanos y lo no humano – seres de la naturaleza, espíritus de la selva, o creencias en lo invisible. Dos propuestas muy autorales sobre estos territorios que aún nos aparecen lejanos y sobre sus habitantes que aún parecemos desconocer.

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